He decidido arrancarme de raíz las alas de mis ojos, para dejar de volar con ellos; y así, sin más, anclarme en el mar profundo y peligroso de tu mirada.
Torbellinos de deseos me provocan naufragar en los adentros de tu mundo, donde habitan tus ocultas bestias y tus evidentes ángeles.
Sin miedo no podría ser tal cual es, el perfecto abandono al vacío del socegado e incierto amor.
Lo único que me rescataría de este naufragio voluntario sería una absoluta y poderosa razón, que tendrá que ser confesada en la primer luna llena de primavera,
justo antes de que crezca la marea y me inhunde todo con su embelezada sal, que impaciente suba, me cubra y petrifique hasta lo más profundo de mi alma.
O.P.G.