Al fin desperté, lo hice de golpe, agitado. Mi nariz sangraba, sangraba porque había visto la película en que sales tú en mis sueños. Esa película que es nuestra historia juntos. Yo estoy ahí, hincado, soplando un diente de león como siempre, solo que esta vez soplo tan fuerte que todos salen volando por doquier, forman sobre mi un gran manto. De pronto uno de esos pequeños paraguas cae directo hacia mi, quedándose apacible en mi barbilla. De nuevo lo soplo. Y te trae hacia mi, como en un cuento. No lo creo y te estrujo contra mi. Te separas con brusquedad y me miras perforando mi esencia, dejando otro profundo vacío, si, uno más. Ya casi no queda nada. Miro mi mano, aún esta el diente de león.
O.P.G.
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