I HAVE A DREAM

I HAVE A DREAM

miércoles, 11 de agosto de 2010

Te miro

Mis ojos se abren lentamente y dan conciencia plena del sueño nocturno, sueño en el que has sido evocado como la encarnación perfecta del deseo, en donde me encuentro tan sedado que transpiro por cada poro de mi cuerpo, y lo convierto en un sueño húmedo, desde el helado escalofrío que recorre mi espalda al sentirte venir a mi, hasta las líneas finales de mis labios, que furtivos, arrebataron aquellos besos de ti. Centellean las ondas del agua, la luz brillante cega el camino de mi mirada e inevitablemente su fijeza se posa sobre la sugerente silueta tuya, sutil anuncio de su verdadera magnitud provocada por tu ser; y absorto yo te miro ahí, de pie, ergido, visionario, expectando el momento justo de zambullirte de nuevo en ese cuerpo de agua azul y dorada, tal y como yo me zambullo en tu cuerpo, cuerpo tuyo y cuerpo de agua, que me impide y me reclama llegar hasta ti. Te miro y veo tu cuerpo sublimado por el viento y torneado por el agua, los dos a la par, fundiéndose contigo haciéndote ser la visión tangible y endeble de la hermosa perfección del cuerpo deseado del hombre amado. Te miro ahí bajo el intenso sol que se cierne sobre ti, haciendo centellear el manto húmedo de las miles de cristalinas gotas que te envuelven, que a borbotones y agudas escurren, y te celan y te cubren. Te miro a ti y por debajo de todas ellas, no pensando en otra cosa que cobijarte con el manto fresco de mi esperanza emotiva, cálido de mi corazón furtivo y ardiente de mis besos apasionados. Te miro y tu expresión se refleja en el espejo de agua y en tu rostro se refleja la expresión de los profundos y arremolinados abismos de tus ideas y sentimientos. Te miro con mis ojos cerrados, recorriéndote con mi olfato que asecha el aroma profundo de tu escencia, dando a mis manos de explorador la instrucción de recorrer sobre tu piel sus secretos más profundos, dibujando sobre ti mensajes en la lengua que solo los dos podemos hablar. Te miro y el éxtasis evocado se apodera de mi pulso, de mi cuerpo, de mi aliento, y agitado despierto. Centellean las ondas de agua azul y dorada, cegan mi mirada y estoy contigo un momento para parpadear un instante y abrir mis ojos lentamente y dar conciencia que de nuevo fué un sueño, pero no nocturno, en el que te evoqué; un sueño en el que, de nuevo, sólo podias estar tú.

O.P.G.

No hay comentarios:

Publicar un comentario