Nunca pretendieron estas gotas que lluevo
ser tormenta o tornado
en tu cuerpo.
Ni apartar heridas, lavar dolor,
ni mucho menos,
apagar tu miedo.
Cubro mis ojos con estas débiles manos,
sin ser instinto
o misterioso juego.
Tratando inutilmente de descubrir
aquel millón de besos
olvidados en mi universo.
Viviendo un sueño o soñando despierto,
sea cual fuere la ocasión,
es lo de menos.
La única certeza de todo esto
es que te lloro,
te extraño,
te recuerdo a cada momento.
O.P.G.
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